sábado, 17 de septiembre de 2011

BUSCANDO A PAUL VERLAINE...

 METZ, Francia, ciudad natal de Paul VERLAINE
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El 30 de marzo de 1844, nacía en la ciudad francesa de Metz, Paul Marie VERLAIN, que luego fuera uno de los más grandes poetas franceses junto con su amigo y amante Arthur RIMBAUD. En esta bella ciudad de la Moselle, tiene levantada en su honor una estatua en un parque cercano a su casa natal. La imponente catedral y la estación (construida a finales del siglo XIX por los alemanes durante su anexión), forman parte, junto con otras edificaciones, de esta monumental ciudad y pueden dar una idea de la de su importancia estratégica por su proximidad a la frontera alemana. Fue en la estación de Metz precisamente donde, el 8 de julio de 1943, murió a consecuencias de las torturas nazis el jefe de la resistencia francesa, Jean MOULIN. Los dos primeras estrofas del poema de VERLAINE "Canción de otoño", fueron elegidas por los aliados como contraseña para avisar a la resistencia del interior del desembarco en Normandía. También las F.F.I. llevaban sobre sus uniformes el emblema de la cruz de Lorena.

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C’ est l’ extase
(Paul VERLAINE)
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C’ est l’ extase langoureuse,
C’ est la fatigue amoureuse,
C’ est tous les frissons des bois
Parmi l’ étreinte des brises,
C’ est, vers les ramures grises,
Le choeur des petites voix.

O le frêle et frais murmure!
Cela gazouille et susure,
Cela ressemble au cri doux
Que l’ herbe agitée expire...
Tu dirais, sous l’ eau qui vire,
Le roulis sourd des cailloux.

Cette âme qui se lamente
En cette plainte dormante
C’ est la nôtre, n’ est-ce pas?
La mienne, dis, et la tienne,
Dont s’ exhale l’ humble antienne
Par ce tiède soir, tout bas.
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 Es el éxtasis

Es el lánguido éxtasis,
Es el cansancio del amor,
Son todos los temblores del bosque
Por el abrazo de las brisas,
Es, en los ramajes grises,
El coro de las pequeñas voces.

Oh, el frágil y fresco murmullo!
Esto murmura y susurra,
Esto se parece al grito dulce
Que expira la hierba agitada...
Como quien dice, bajo el agua que gira,
El vaivén sordo de las piedras.

Esta alma que se lamenta
En esta queja dormida
Es la nuestra, no es cierto?
La mía, dí, y la tuya,
De la que brota la humilde antífona
En esta tibia tarde, muy despacio.

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