sábado, 8 de mayo de 2010

LA MALDICIÓN DE LOS EX

DOBLE CARA

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LA MALDICIÓN DE LOS EX





¿Quién no ha sido ex alguna vez? Es ese estado civil indeterminado en el que acabas por ser protagonista de tu propio fracaso. Por razones obvias, me referiré al ex masculino, claro. Incómodos en las bodas y en los entierros, son tenidos por extraños entre los propios, cuando descubren que su hija (o su hijo) llama papá a un impostor, y su ex le presenta a su nuevo amante como un conocido de los años de la universidad. Tampoco hay protocolos para los ex ni aparecen en los manuales de urbanidad. Luego, en las ceremonias solemnes, nadie sabe dónde colocarlos, y no es raro verlos sentados en la mesa donde ponen a los arrimados; es decir, a los desconocidos que nadie sabe identificar bien. Suelen ser objeto de escrutadoras miradas de la ex suegra, que no deja de darle codazos a su hija, es decir a su ex, y no puede reprimir soltarle una vez más ese tremendo epitafio que en boca de una ex suegra (si una suegra puede ser ex alguna vez), restalla como una bofetada:

- Hija, no sé qué le viste a ése. (ése es el ex, naturalmente)

A lo que la hija no sabe qué responder, porque el ex, por lo general, suele presentarse en estos trances con evidencias acusadas de haber agravado su estado natural de abandono. En todo caso la hija, es decir, la ex, sólo se atreve a protestar a su madre, es decir, la ex suegra, con un tímido gesto de desaprobación. Pero para decirle una vez más a su madre que el problema es que era muy joven.

Luego no tarda el ex en descubrir que allí, es decir, en la que fue su familia, no es bien recibido, y que es sometido a un vacío condescendiente generalmente inducido y preparado por la ex suegra. Los ex cuñados lo miran por encima del hombro, y sin embargo las ex cuñadas, no se sabe por qué, suelen acercarse para saludarle con un beso que, en justicia, al ex le suena a consigna de la familia para el sacrificio. Después, si acaso, una breve conversación con los hijos, que también empiezan a dar síntomas de estar ya en otra onda. Sólo Juanito, el más pequeño y por ello menos consciente de la situación, se acerca al ex al grito de papá, y lo abraza con espontaneidad. Y como si cumpliera alguna instrucción, va poniendo a su padre al tanto de las nuevas aventuras amorosas de su madre. Y así, descubre que ya no es el profesor de tenis del mes pasado el que la acompaña ahora, sino que ahora es el dentista. Carrerón lleva la condenada. No como él.

Es la maldición de los ex. Unos outsider a la búsqueda de su propia identidad, sin que consigan darse cuenta de que, en realidad, fueron expulsados del paraíso. Si es que paraíso puede llamarse aquella forma de vivir.

(continuará)




LAST CHANCE HARVEY

(JOEL HOPKINS, 2008)

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He aquí el perfecto ex. Dustin Hoffman (Harvey). Tiene que acudir a la boda de su hija desde Nueva York a Londres, y cuando llega comprueba que ni siquiera han previsto para él el discurso de felicitación. Tampoco abrirá el baile, momento estelar que le reservan al padre impostado. Su ex lo ha previsto todo, y ya se encarga al comienzo de la ceremonia de recordarle que, aunque invitado a la boda de su hija, en realidad es poco menos que un desconocido. Y además, un desastre. Humillado y resignado, sólo le sale al encuentro alguien que le hará una de esas estúpidas encuestas que hacen en los aeropuertos. Es una mujer madura (Emma Thompson), que no deja de hablar con su madre. Luego el ex también pierde el avión de regreso y es despedido del trabajo. Es la maldición de los ex.


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