martes, 10 de agosto de 2010

ARRUÍNAME PERO NO ME DEJES: LA BELLA OTERO


AGUSTINA OTERO o CAROLINA OTERO, más conocida como LA BELLA OTERO.
Nació en 1868 en
Ponte de Valga (Pontevedra, España)

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Pocos personajes femeninos españoles han concitado el interés de escritores, biógrafos y novelistas como lo ha sido la apasionante vida de esta mujer. Claro que a ello contribuyó mucho ella con su propia desbordante imaginación, puesta a prueba cuando, allá por 1926, le dictó sus memorias a Claude VALMONT. Tanto, que escritores como Carlos Fuentes en su novela Cambio de Piel escrita allá por 1967, se tragó que había nacido en Cádiz y era hija de una bellísima gintana y un oficial griego que la sedujo y secuestró. O que era hija ilegítima de Eugenia de Montijo. Pero con ser mucha y exagerada su imaginación, la realidad de su vida tampoco tenía nada de normal, aunque su origen - que ella siempre trató de ocultar - fuera más humilde y desgraciado.
Nació en 1868 en Ponte de Valga (Pontevedra, España), hija de padre desconocido al igual que sus otros cuatro hermanos. A los diez años sufrió una brutal violación por un zapatero de su pueblo, a resultas de lo cual tuvo que estar ingresada en un hospital con lesiones graves. No volvió a su pueblo y abandonó el hogar para dedicarse a limpiar y fregar suelos en Santiago de Compostela. También ejerció la prostitución y cantó - quería ser cantante de ópera - en bares y tugurios.
Pronto se dejó seducir por un muchacho con el que marchó a Lisboa, donde se inició en los cafés cantante haciéndose pasar por gitana andaluza que bailaba y cantaba. Hasta que su amor la abandonó dejándola sola camino de Barcelona, adonde ella lo siguió. Allí debutó en varios cafetines y teatros, y también tuvo un aborto. Hasta que conoció a un banquero y hombre de negocios francés que se la llevó a Marsella, donde empezó a ser conocida y codiciada por los hombres, atraídos más por su encantos físicos verdaderamente exóticos, que por los artísticos. Ella, a su vez, supo manejar bien todas esas situaciones, dejando a unos amantes por otros a medida que los últimos no podían satisfacer y pagar sus caros caprichos y lujos. De Marsella saltó al Folies Bergére de París, y de allí a Nueva York, Buenos Aires, La Habana o Moscú. Su descubridor, convertido en amante, se suicidó a causa de los celos y no fue el único hombre que lo hizo.
Aunque llegó a interpretar alguna Carmen de Bizet, en realidad nunca triunfó como tal intérprete de ópera. Maurice Chevalier llegó a decir que, en ella, en realidad todo se reducía a la misma partitura: sexo.
Pero, sea como fuere, hombres poderosos y ricos se la disputaban con costosísimos halagos en forma de joyas o generosos regalos, y, por supuesto, con rumbosas apuestas en los casinos donde muchos de ellos acabaron arruinados por su amor. Y arruinados, claro está, eran abandonados también por esta bellísima cortesana.
Nunca se casó y es posible decir también que, salvo probablemente al muchacho con el que huyó a Lisboa y luego siguió a Barcelona, nunca amó a ningún hombre realmente, simplemente los utilizó para amasar una formidable e incalculabe fortuna. Se retiró a los 46 años, y luego se dedicó a jugarse toda esa fortuna en los casinos que dilapidó rápidamente. Murió en Niza con 97 años en 1965, sólo tenía 609 francos y algunos gatos. Una de las mas bellas y representativa cortesana de la Belle Époque, que había tenido a Príncipes, Jefes de Estado y ricos hancendados a sus pies, vivió y murió sola y olvidada desde que perdió su última apuesta en el casino.



LA BELLA OTERO
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Y ALGUNOS DE SUS PODEROSOS AMANTES Y PROTECTORES


ALFONSO XIII, REY DE ESPAÑA


LEOPOLDO II, REY DE BÉLGICA



GUILLERMO II, Kaiser de Alemania



SERIE RECIENTE DE ANTENA TRES SOBRE LA BELLA OTERO

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Se han hecho numerosas biografías sobre Carolina OTERO, unas copiadas de sus memorias en francés dictadas en 1926, y otras para revisarla precisamente por sus evidentes fantasías. Pero lo mismo aparece como personajes en novelas (caso de Gonzalo TORRENTE BALLESTER, en Tocata y fuga), que en series de televisión o en cine. Charles Castle escribió una biografía en inglés en 1981 que tituló La última gran cortesana. Así vivió, desde luego.

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