miércoles, 4 de agosto de 2010

EL PATRIMONIO EXPOLIADO (I)

MONASTERIO CISTERCIENSE DE SANTA MARÍA DE ÓVILA
(GUADALAJARA, España)







RESTOS DEL MONASTERIO DE ÓVILA
Guadajara, España

Este es el aspecto que presenta en la actualidad el que fuera uno de los monasterios cistercienses más representativos y esplendorosos de la baja edad media. Fue mandado construir por Alfonso VIII como fortaleza en 1175. En las proximidades de Trillo (Guadalajara, España), y junto a los meandros del río Tajo, rodeado de sotos y pinares, fue levantado este monasterio con abadía, claustro e iglesia. La desamortización de Mendizabal supuso la entrega al Estado del monumental cenobio, que en 1928 procedió a venderlo a D. Juan BELOSO por 3.130 pesetas. Tres años más tarde comenzaron a llegar todo tipo de operarios y especialistas para desmontar el claustro y otras piezas. Los lugareños de Trillo y alrededores fueron generosamente contratados por 3 pesetas al día. Pero, ¿por cuenta de quién trabajaban aquellos hombres?

WILLIAM RANDOLPH HEARST
(1863-1951)

Aquellos operarios estaban en realidad trabajando para este poderoso magnate de la prensa de Estados Unidos, y a las órdenes del agente artístico Arthur BYNE. El tal Fernando BELOSO era en realidad un hombre de paja de este caprichoso, riquísimo e influyente personaje de la vida pública americana.
A principios de 1931, cientos de personas comienzan a desmontar capiteles, columnas, arcos y cornisas. Las piezas eran embaladas en cajas y transportadas por carretera hasta la estación de Matillas, y desde allí partían los contenedores hacia los puertos de Cádiz y Valencia, donde nueve cargueros alemanes esperaban para zapar rumbo a San Francisco, EE.UU.
Todas las piezas más valiosas del monasterio fueron expoliadas impunemente ante la pasividad de las autoridades. Bueno, todas no, porque Hearst sólo estaba interesado en las piezas medievales, por lo que las arcadas renacentistas, que no le interesaban, fueron dejadas en Trillo. Cuando fue declarado monumento histórico artístico en 1931, ya con la República constituida, era demasiado tarde.


CIUDADANO KANE, de Orson WELLES
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W. R. HEARST era un viejo conocido de los españoles. Ya desde el desastre de 1898 con la guerra de Cuba, al frente de sus periódicos había desencadenado la agitación política contra los españoles, aprovechando el hundimiento del Maine en el puerto de La Habana. Incluso aportó su propio yate para formar parte de la escuadra americana que bloqueó el puerto. Él se encargó de demostrar con estilo populista, exagerado y de puro amarillismo, de que una guerra podía ser un gran negocio para sus periódicos. "Usted haga las ilustraciones que yo me encargo de hacer la guerra", ordenaba al ilustrador del N.Y. Morning Journal que por entonces ya tenía una tirada de 1.300.000 ejemplares.
Pero fue Orson WELLES quien con su famosa película CIUDADANO KANE, mejor retrata la atrabiliaria, megalómana y caprichosa personalidad de este magnate de la prensa americana, hijo de un rico propietario de minas en California, y expulsado de la universidad de Harvard por mal estudiante a pesar de las generosas donaciones de su padre. Sólo tenía buena reputación como playboy. Fue en una publicación juvenil de la universidad donde demostró que manipulando titulares, noticias e informaciones, la prensa puede ser un buen negocio. Luego aprendió el resto en los periódicos de otro magnate de la prensa americana y luego su competidor más feroz: Pulitzer. Compró el New York Morning Journal que estaba en la ruina en 1895, y tres años después era el periódico más leído en las clases populares americanas. A base de puro sensacionalismo zafio y oportunista, consiguió influencia, poder y muchas otras cabeceras. Welles lo desenmascaró y caricaturizó junto con el entonces guionista de Ciudadano Kane, J. Mankiewicz, en esta película, que estuvo a punto de ser destruida una vez intentada la compra por el propio Hearst, a lo que el célebre director se negó.

XANADÚ
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El destino de las piezas del monasterio de Santa María de Óvila era esta construcción en la llamada en los años 30 "La cuesta encantada", formidable mansión en forma de castillo de estilo español que Hearst se hizo construir en las proximidades de San Francisco, y al que llamaban el Castillo de San Simón. La maqueta de la película de Welles lo representaba con toda esta grandiosidad entre hortera y zafia megalomanía.


El Taj Mahal de California, el Castillo de Hearst o de San Simón
Esta es la formidable mansión en la actualidad. Hearst, cuando lo construyó, se hizo traer de todo el mundo piezas, cuadros, tapices, alfombras y demás objetos. También la sillería del coro de la catedral de la Seo de Urgel. Y así, con una increíble mezcla de reliquias y estilos arquitectónicos dispares, construyó la formidable mansión. La cama donde dormía el propio Hearst había pertenecido al cardenal Richelieu. Este era el destino del claustro, las columnas y capiteles del monasterio de Óvila, para el particular recreo de un propietario rico y caprichoso, acostumbrado a conseguir todo lo que se proponía. En realidad toda la operación le costó 25.000 $ solamente.


Y este es el aspecto que tiene el claustro en la actualidad en el Golden Park de San Francisco. Y con él la sala capitular y el refectorio. Otras piezas como la portada manierista de la iglesia fue reconstruida en el Young Memorial Museum de San Francisco, pero luego en 2008 fue adherida a un edificio moderno llamado Kalmanoviczt Hall.




La gran depresión de 1929 que, a pesar de su fortuna, casi dejó arruinado a Hearst, dio al traste con su idea de reinstalar esta formidable pieza medieval del cisterciense español en el artificial castillo de San Simón en California, propiedad del caprichoso megalómano editor. En la actualidad muchas de aquellas piezas se hallan en almacenes como estos o dispersas por diferentes dependencias y jardines de San Fancisco.
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N. R. Este no es el único caso de los expolios cometidos con nuestro patrimonio cultural y arquitectónico, pero sí uno de las más escandalosos. En sucesivas entradas iremos denunciando más casos.

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